Las heces fecales revelan tu estado de salud, hasta cancer

Hacer del dos es un tema complicado. Todos lo hacemos. De hecho, excretar desechos es fundamental para la vida. Pero la sociedad educada y sus reglas de etiqueta se aseguran de que rara vez seamos lo suficientemente valientes como para hablar del tema.

Las heces —o popó— que producimos pueden proporcionar una valiosa ventana, en tiempo real, para la salud de tu intestino grueso (o colon) y del tracto gastrointestinal en general. Así que dejemos esas reglas a un lado.

 

 

Los científicos investigan muchos temas extraños, y la forma de las heces no es la excepción. En 1998, Stephen Lewis y Ken Heaten de la Universidad de Bristol desarrollaron una escala con siete tipos de escremento, que van desde el estreñimiento (tipo 1) hasta la diarrea (tipo 7).

En la actualidad, la tabla de Bristol permite a las personas con síntomas gastrointestinales describir claramente a su médico lo que observan en el inodoro sin tener que proporcionar muestras.

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Para la mayoría, la consistencia de las heces que excretamos puede variar ampliamente dependiendo, en parte, de lo que hemos estado haciendo. Un período de deshidratación, tal vez asociado con un día de ejercicio prolongado, o el retraso de una evacuación intestinal, puede ser seguido por una forma de heces más seca de lo normal.

Por el contrario, una comida inusualmente picante puede ser seguida por una evacuación intestinal con un excremento más fluído.

¿Qué aspecto debe tener tu popó?

Idealmente, las heces,  debe pasar fácilmente sin esfuerzo y sin un intenso sentido de urgencia.

En la Bristol Stool Chart, esto se refiere a los tipos 3, 4 y 5: trozos alargados con algunas grietas en la superficie, hasta 2 a 3 cm de diámetro; trozos más largos o similares a una serpiente con una consistencia suave, parecida a la pasta de dientes con un diámetro típico de 1 a 2 cm; o trozos pequeños y suaves con bordes definidos.

Aunque podría decirse que es más fácil de limpiar, las formas más secas de las heces (tipo 1 y 2) tienden a compactarse en grandes masas que pueden aumentar la presión a largo plazo y erosionar el revestimiento del intestino grueso. Durante la defecación, el bolo intestinal puede dilatar el canal anal más allá de su apertura normal. Esto genera esfuerzo y dolor.

También existen componentes más potentes en la fibra dietética: carbohidratos fermentables como el almidón resistente (una forma de almidón que no se digiere en el intestino delgado), beta glucanos y fructooligosacáridos, que se encuentran comúnmente en cereales integrales, legumbres, frutas y vegetales. Estas son una fuente nutricional clave para los trillones de bacterias que habitan en el intestino grueso (la microbiota intestinal).

Muchas personas lo que hacen es tomar laxantes, para ir más fácil al baño, lo que hace que el sistema digestivo elimine de manera abrupta elementos que son indispensables para la flora intestinal.

El Dr. Jesús nos explica porque es importante conocer el tipo de heces que debemos desechar, y como puede esto complicarse,  desde una intoxicación hasta un cáncer de colón.


Es evidente que nos falta mucho camino por recorrer. Sin embargo, hay una advertencia. Si tienes síntomas gastrointestinales, como malestar estomacal, náuseas, vómitos y diarrea, la fibra no siempre ayuda.

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